Cocoon, la sencillez que conquista

Un viaje por letras, música y sensaciones

Bajo este nombre que evoca los miedos párvulos, se esconde un dúo francés sorprendente, que juega con la oscuridad e ironía en sus letras escritas en inglés, y la luz que desprenden las melodías que las acompañan.

Cocoon

Título: Where the oceans end

Intérprete: Cocoon (Mark Daumail, Morgane Imebaud)

Año de publicación: 2010

Sello discográfico: Universal Music France

Lo irresistible de lo sencillo, que no simple. Cocoon, juntos. Mark Daumail y Morgane Imebaud, por separado. Un joven dúo francés que todavía cuenta con la fascinación que otorga la ausencia de la fama desmedida.

Iniciaron su andadura musical en 2006. Según cuentan, él, que guardaba en un cajón melodías y letras, buscaba una voz que acompañase a la suya. Así Morgane convirtió al artista en dúo de artistas.

El primer trabajo se editó en Francia en 2007 bajo el nombre de My friends all died in a plane crash. Ironía e oscuridad para un título que encerraba piezas musicales de infinita ternura y sutileza, que explotan en ondas de luz y positivismo inesperado.

Un trabajo con fuerza oculta que consiguió vender alrededor de 20.000 copias en su país natal.

Representantes de un estilo a caballo entre folk, pop acústico y el indie-pop más suave, podrían inserirse en la línea de Russian Red. Confiesan que su música bebe de Sufjan Stevens o Elliott Smith.

En 2010 la segunda creación llamada Where the oceans end se reveló al mundo. Un disco que cuenta a través de sus canciones el viaje del dúo, acompañados por un insólito y mágico animal cubierto de suave pelo blanco, capaz de volar tras darle cuerda. La ballena Yum-Yum. Una travesía en la que cada canción es un alto en el camino.

Doce cortes, doce etapas de apenas 3 minutos cada una.

Se abre con Sushi, una descarnada pieza en sus palabras y casi narcótica en su sonido, acentuado por acariciantes violines. Una vez más empieza por un final. Como se hacía latente en el título de su anterior trabajo –All my friends died in a plane crash–, la muerte es un punto de partida.

En Comets el ritmo se acelera, los toques del ukelele y banjo dan fuerza a una voz potente y decidida que deja de susurrar, sin perder la dulzura que los caracteriza. Un estribillo más folk y pegadizo, y un videoclip lleno de fantasía y bellos paisajes, se encargan de redondear este tema.

Las canciones se alternan entre rápidas y menos aceleradas, hasta llegar a Mother todo una declaración de intenciones, un mapa de ruta para quien cree que el momento de crecer solo ha llegado.

Oh my God, I will be gone y Baby Seal quizás las más alejadas del Folk, invitan a la reflexión con sus letras y al abrazo con sus acordes. La definición de Super Powers, Dolphins y Cathedral es energía sutil, belleza en forma y contenido.

En In my boat, que cierra el disco, la voz de Morgane gana protagonismo. Un monólogo de dos, un mar de contradicciones para disfrazar un “adiós“ de “hasta luego“, convertir un “ojalá“ en “hasta nunca“… el viaje llega a su fin y los efectos oníricos del mismo, las experiencias acumuladas en las diferentes paradas, quedan encerradas bajo llave en las palabras de este último corte.

Las letras de Cocoon, siempre en inglés, sorprenden por su naturalidad y poética, con ese punto mitad macabro mitad irónico.

Sus voces parecen haber nacido para cantar juntas, en una relación simbiótica e hipnótica, en la que no es concebible una en solitario. Las canciones que abofetean las prisas se convierten en la banda sonora perfecta de buenos momentos, sean de la índole que sean.

Es, en definitiva, un trabajo para tener a mano cuando el alma y el cuerpo piden rendirse a la brisa, a una puesta de sol, a subir a lomos de una ballena mágica y escapar… sin necesidad de abandonar el vagón del metro o el sofá de casa.

Natalia P. Otero

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