Rara avis II:




Léon Theremin, Clara Rockmore y el instrumento que se toca

sin ser tocado

Hoy en día existen sintetizadores y programas de ordenador que pueden reproducir sonidos de instrumentos. Aunque nos parezca un fenómeno reciente, el primer instrumento electrónico –el telharmonium– fue inventado por Thaddeus Cahill hacia 1904, y de seguro que, si a alguien se le ocurría llevárselo de gira, éste sería la pesadilla de un roadie, ya que el instrumento pesaba doscientas toneladas.

Posteriormente aparecerían otros instrumentos electrónicos, como el theremin (1919), el que posiblemente sea el instrumento electrónico más conocido: las ondas musicales (1928) de Maurice Martenot (conocidas como ondas Martenot), el trautonium, inventado por el alemán Friedrich Trautwein en 1930 –al que se aficionaría Hindemith, escribiendo incluso un concierto para él– … etc . Pero de entre la lista de artilugios electrónicos inventados en la primera mitad del s. XX hay uno que destaca no tanto por su timbre como por el hecho de ser el único instrumento “que se toca sin tocarse”, es decir, sin contacto físico: el theremin.

En una época en la que uno de los principales objetivos de Lenin era electrificar la Unión Soviética (recordemos aquello de “Comunismo es igual a soviets más electricidad”), el físico ruso y chelista amateur Lev Sergeivich Termen –que después afrancesaría su nombre a Léon Theremin– tiene la idea de unir sus conocimientos musicales y científicos y crear un instrumento que pueda controlarse en el espacio (aire), aplicando campos magnéticos y que usara poca energía. El nuevo artilugio, originalmente llamado eterófono por su cualidad “espacial”, posteriormente termenvox y finalmente en occidente theremin, hace su presentación en público en 1920 ante el propio Lenin quien se atreve a tocarlo y consigue incluso interpretar parte de una melodía según el testimonio del propio inventor.

¿Cómo es un theremin? Aquel ejemplar que tocara Lenin era un modelo primitivo, hoy en día el instrumento posee dos antenas: la izquierda controla el volumen, permitiendo realizar dinámicas al acercar o alejar la mano de ella y, lo que es más importante, articular las notas, que si no sonarían en un continuum; la antena derecha –vertical– se utiliza para el control del tono. El theremin es uno de los instrumentos más difíciles de tocar ya que no existe referencia física para afinar, uno solo mueve las manos en el aire para controlar el tono y el volumen. Está enteramente desprovisto de referencias físicas, el sonido se crea a través de la manipulación del campo electromagnético circundante, así que realmente no se toca el instrumento, sino el espacio que lo rodea.

En los años 30 Léon Theremin viaja a los EE.UU., estableciendo su estudio en Nueva York, donde creará otros instrumentos como un cello-theremin, la que podría ser considerada la primera caja de ritmos de la historia: el Rythmicon, por encargo de Henry Cowell, o el terpsitone, plataforma de baile que funcionaba siguiendo el mismo principio que el theremin clásico: siendo el cuerpo el elemento conductor, resultaba una sincronización entre el sonido y el movimiento. Lamentablemente los resultados de este último no eran demasiado musicales ya que para los bailarines se hacía muy difícil controlar el tono con un instrumento tan sensible.

Es en el ambiente de emigrados rusos de su laboratorio cuando conoce a Clara Reisenberg (después Rockmore), quien le ayudaría a desarrollar el instrumento ante las limitaciones que éste presentaba, a “musicalizarlo”. Clara era la persona idónea para esto. Auténtica Wunderkind, había estudiado violín en el Conservatorio de San Petersburgo, donde había sido admitida a los 4 años tras una audición con Leopold Auer en la que había interpretado el Concierto de Bruch en su pequeño violín de ¼. Por otro lado, el theremin también parecía el instrumento adecuado para ella, ya que desde que su familia se instalara en los años 20 en los EE.UU. sufría de dolores y problemas óseos debido a malnutrición en su niñez, lo que hacía que cada vez le fuera más difícil continuar con su carrera de concertista. Clara poseía oído absoluto y tenía un control rápido y preciso de sus movimientos, cualidades importantes para tocar un instrumento que depende tanto del movimiento del intérprete y la proximidad antes que del contacto. Clara movía la mano entera, no solo los dedos, desarrollando un método y su propia técnica de digitación “espacial” con gran agilidad en un ámbito en el que cualquier mínimo movimiento podía cambiar el tono, y además, lo hacía con tacones de 10 cms. En su técnica también adoptó el vibrato del violín al theremin –aunque en este caso se realiza con la mano derecha–, llevando la técnica del arco a la mano izquierda para crear pausas que servían para separar o articular las notas, ya que en el theremin el sonido es constante, es como tener un arco que no acabase nunca. Todo ello hacía que el theremin fuera no sólo un instrumento atractivo por su sonido, sino también estéticamente fascinante.

Además de crear su propio método de interpretación, por consejo de Clara Theremin realizó importantes mejoras en el instrumento: amplió su tesitura de 3 a 5 octavas entre la antena vertical y el cuerpo, aumentó el control del tono, incluyó una antena de volumen más rápida… etc.

Había matices y calidades que se podían obtener precisamente porque no se tenía nada en la mano, todo venía del aire, por eso Theremin lo llamó inicialmente eterófono. No hay instrumento entre el intérprete y la música, solo está en el campo electromagnético. De hecho, éste es aún hoy en día el único instrumento controlado en el espacio. Si para el ejecutante los movimientos no estrictamente esenciales están prohibidos, podríamos decir, además, que resulta algo asocial, ya que es necesario establecer una zona vacía, una especie de “círculo mágico” alrededor del intérprete en el cual nadie más que éste puede entrar.

Pese a los anuncios comerciales que voceaban al theremin como un instrumento que cualquiera podía tocar (lo que provocó una oleada aficionados cuyo entusiasmo excedía a su habilidad), resulta un instrumento muy difícil, incluso más que el violín o el cello, ya que éstos poseen 4 cuerdas, mientras que tocar el theremin es como tocar una sola cuerda, con las dificultad de realizar grandes intervalos sin poder saltar de una cuerda a otra, y además está el problema de afinar, de encontrar la nota adecuada en el aire, sin referencias físicas.

Así que mientras para una gran mayoría del público el theremin era un instrumento pobre y limitado a realizar efectos de sonido (en películas de ciencia-ficción de los años 60, por ejemplo), Clara, que provenía de una educación musical clásica trató de dignificarlo ante el público interpretando con él piezas originales para violín y violonchelo como la Sonata de César Franck, El cisne de Saint-Saëns, el Romance de Wieniawski o incluso Requiebros de Cassadó. Según el criterio de Clara, Bach no había podido escribir para el theremin porque no existía, pero esa no era razón para que ella no pudiera interpretar a Bach en el theremin. Pero ¿por qué no interpretar piezas de compositores contemporáneos, creadas ex profeso para este instrumento? En una entrevista que le realizó el padre de los sintetizadores Robert Moog en 1967 Clara responde a esta cuestión: el theremin es un instrumento melódico, pero los compositores contemporáneos están más interesados en escribir obras llenas de efectos y ruidos antes que de melodías… y el theremin es un instrumento melódico, no es apropiado para eso. Si los compositores contemporáneos compusieran melodías estaría dispuesta a interpretarlas, pero no es así.

Una de las pocas obras contemporáneas que Clara interpretó fue el concierto que Anis Fuleihan escribió para theremin y orquesta, dirigido por el gran Stokowski.

Otra oportunidad de contemporizar con la cultura de su tiempo le llegó cuando Hitchcock le pidió que tocara para su filme Recuerda, pero Clara se negó. ¿Un error? Quizá, pero con ese gesto dejaba claras sus intenciones de normalizar al instrumento. Más tarde Hitchcock usaría el trautonium tocado por Oskar Sala para generar los ruidos de los pájaros en la película homónima. Y así, poco a poco, del salón en el ángulo oscuro, de sus dueños tal vez olvidados, silenciosos y cubiertos de polvo, tras su gloria en los años 30 y 40, los theremines fueron cayendo en el olvido, relegados a meros hacedores de efectos en bandas sonoras de películas de serie B… hasta que gente como Moog los rescataron.

Mientras tanto, ¿qué había sucedido con Léon Theremin? En 1938 había vuelto a la Unión Soviética, no se sabe si fue motu proprio o ajeno, y dado por muerto publicándose incluso la noticia de su muerte. Mientras tanto, trabaja en proyectos secretos de la NKVD (antecesora de la KGB) en un laboratorio especial junto a otros científicos como el diseñador aeronáutico Andrei Tupolev o el ingeniero espacial Sergei Korolev. De este laboratorio, denominado sharashka, salieron artilugios de espionaje como el denominado “La cosa”, una especie nueva de micro que fue entregado en 1945 en forma de escudo de los EE.UU. por inocentes niños soviéticos al embajador norteamericano en Moscú como señal de amistad y que éste colgó en su despacho, permitiendo que durante años sus conversaciones privadas no lo fueran tanto.

Tras trabajar para la NKVD lo hace en el Conservatorio de Moscú, inventando nuevos instrumentos electrónicos como un prototipo polifónico (Polyphonictheremin) en el que un solo intérprete podía controlar una voz y al mismo tiempo añadir 2 ó 3 voces más que mantuvieran el intervalo correcto para formar un acorde. Finalmente apartado de sus investigaciones en el ámbito de la música, Theremin desaparece en las brumas de la Unión soviética, no sabiéndose más de él. La leyenda cuenta que Theremin y Rockmore se encontraron en el metro de Moscú como una especie de “casualidad” planificada, pero con certeza solo podemos decir que no se volverían a ver de manera oficial hasta la caída del muro.

Ana M. del Valle Collado

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